Llevo varios días que el despertador me arranca de nuestro encuentro orínico y vuelvo a dormir para poder volver a encontrarte y decirte todo lo que nunca te he dicho y posiblemente jamás te diré.
Pero ni en el sueño soy capaz de hablar de eso. Simplemente nos miramos y hablamos como si una brisa hubiera arrastrado toda la arena del desierto y hubiera tapado nuestro tesoro escondido bajo tierra.
Me levanto. Me lavo la cara,y me olvido hasta la mañana siguiente.